Artículo sobre PARTO NATURAL Y EMBARAZO: LA MADRE Y EL BEBÉ por Fabiola Aguado - Concha Oseg
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Guía sobre
EL PARTO NATURAL y EMBARAZO
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El embarazo y el parto son funciones biológicas de las mujeres
cuyo proceso y culminación puede realizarse de forma natural
sin el estrés y la artificialidad de la medicina
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La Madre y el bebé
por Fabiola Aguado - Concha Ose


Fuente:www.bancodeimagenesgratis.com
URGE ENCONTRAR ENTRE las ropas y mantas que esconde aquel baúl viejo, su olor, sus pasos, sus brazos, su voz. Son recuerdos de la infancia.

Queremos sentir a la madre que hay dentro de cada mujer, revalorizar la maternidad, dejarnos embaucar por su saber hacer, habitar dentro de nuestro propio cuerpo de mujer, sentirle, relajarnos en él.

Hay que confiar en el amor y la sabiduría de los que todas las madres están dotadas. Confiar en una misma, en la propia intuición, en el instinto, a la hora de cuidar al hijo.

Ser madre es algo que engrandece, embellece, madura, calma, resucita y libera energías creadoras, es la plenitud de la mujer, la luna llena.

El bebé te necesita y tu estás ahí cobijándole, queriéndole, abrazándole. El necesita una madre feliz en primera instancia, antes que nada. Una madre feliz, es una madre en calma, atenta, enraizada en su cuerpo, abierta, flexible, que rie, "como un verdadero maestro de la magia, cuanto más da más recibe".

Hay que pisar tierra firme para poder crecer. No hay nada que lleve más a un niño a la experiencia de lo que son la felicidad, el amor y la alegría, que el amor de una madre que se ama a así misma.

"... la tierra prometida (la tierra es siempre un símbolo materno) se describe como "plena de leche y miel". La leche es el símbolo del primer aspecto del amor, el de cuidado y afirmación, la miel simboliza la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad de estar vivo. La mayoría de las madres son capaces de dar "leche", pero sólo unas pocas pueden dar "miel" también. (...) Es posible distinquir, entre los niños-y los adultos- los que sólo recibieron "leche" y los que recibieron "leche y miel". (E. Fromm).

La experiencia más simple, pero esencial, es la del contacto, en la que se crea el sentimiento de unidad entre dos personas. Esto da al bebé la base de lo que poco a poco va convirtiéndose en su experiencia de ser, abrirse al mundo y avanzar en sus procesos madurativos, es el comienzo de todo.

Así es como se satisfacen las necesidades de calor, de sentir la respiración, el corazón y el olor de la madre y de mirarse a los ojos. La necesidad de ser acariciado y de sentir la piel como una superficie continua y un continente, una envoltura.

La satisfacción de estas necesidades va a instaurar en el bebé el sentimiento de seguridad física y luego psíquica, el sosiego, la capacidad de abandonarse y confiar en el otro, la capacidad de placer y bienestar. ... La madre es el hogar de donde venimos, la naturaleza, el suelo, el océano... la función de la madre es dar al niño seguridad en la vida." (E. Fromm).

El amor de la madre nos da una dicha profunda, su ausencia produce un sentimiento de abandono y profunda desesperación. "... Y tú venias del colegio y te encontrabas ahí un platito puesto, que eso es lo de menos, pero ella estaba ahí en frente y te estaba mirando y sabía si estabas con pena o estabas alegre... y eso ya no existe" (Una madre).

La madre es como una auténtica base de operaciones de la que el niño sale y vuelve para recargar sus baterías emocionales y de seguridad. Así puede afrontar bien las sorpresas que el mundo le tiene reservados.

La madre va acompañando el crecimiento del niño a través de una adaptación graduada a sus necesidades cambiantes y en aumento, cuyos procesos le impulsan a la independencia y a la aventura. Es muy importante en todo este proceso que desde el comienzo de la vida el niño sea el protagonista de su propio desarrollo.

Para ello hay que: Creer en el niño para que saque lo mejor de sí, respetarlo y aceptarlo tal como es. No imponer nuestras espectativas, no adelantarnos a su proceso, etc. Está capacitado para ser él mismo, pero no lo está para ser como otro. Estar disponibles con nuestro tiempo y nuestro bienestar, para acogerlos y estar con ellos, para facilitarles su propio desarrollo

Aún estamos a tiempo de unirnos a las mujeres de antaño, que estaban orgullosas de ser las creadoras y alimentadoras de los seres humanos. Aún estamos a tiempo de construir imágenes positivas de nuestra fuerza, de nuestro cuerpo y de nuestros sentimientos de madre.

Buscamos su presencia para cuidar el hogar, donde se cuece el puchero de la sabiduría al amor de la lumbre. En la época actual el fuego sustituido por la luz eléctrica deja de ser el símbolo de espíritu, "... y pensó, lo importante en la vida era tener calor" (M. Delibes).

Quiero sacralizar tu hacer, madre; alimentar, tejer, cocinar, limpiar: hechos con tiempo, cuidado y cariño, son parte de tí, y también parte de mi ser, de mi serenidad, de mi salud, de mi alma...

FUENTE: La Revistilla, Nov-Dic 1997, pág. 44-45, Autoras: Fabiola Aguado-Concha Set, Centro Al-Alba


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