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COVID-19: LA GRAN MENTIRA

31/12/2020
por Natividad Casado

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A finales del año 2019 nos vendieron la idea de que había surgido una «nueva» enfermedad causada por un virus letal, perteneciente a la familia del coronavirus, que se estaba extendiendo como la pólvora por todo el mundo con lo cual, al parecer, nos encontrábamos ante una pandemia colosal.

Con este pretexto procedieron a declarar el estado de alarma en muchos de los países afectados. La prensa, su fiel lacayo, se hizo eco de sus deseos y las únicas noticias que daban la mayoría de los medios de comunicación tenían que ver con estas palabras que repetían machaconamente para que a nadie se le olvidase que corrían un peligro mortal: pandemia – hospitales colapsados.

De la noche a la mañana, ya no existía ninguna enfermedad, la llamada gripe estacional quedó en el olvido y los únicos delincuentes eran aquellos que se saltaban las draconianas medidas de seguridad impuestas por este grupo de opresores y tiranos maquiavélicos cuyo único fin con todo este invento de esta pandemia falsa es hacerse con el control de nuestras vidas.

Entiendo que mucha gente e incluso profesionales de la sanidad se hayan tragado esta flagrante mentira pues, de todos es sabido, que la medicina convencional, cuando no conoce la etiología de alguna enfermedad, le echa la culpa a agentes patógenos entre los que se encuentran bacterias, virus, hongos, etc. Con estos precedentes no me extraña que este grupo de malvados lo hayan tenido tan fácil.

Lo peor es que muchos profesionales sanitarios a los que la gente ha estado aplaudiendo desde sus casas son cómplices de este genocidio a nivel mundial siguiendo unos protocolos dictados por los que manejan los hilos cuya finalidad es crear un pánico sin precedentes haciéndonos creer que la mayoría de los que ingresan en el hospital y los que fallecen es por causa de esta nueva enfermedad.

Han creado una pandemia basándose en un test defectuoso que no fue diseñado para detectar este virus. Han creado el término asintomático para meter en el saco de los infectados a personas que dan positivo a dicho test aunque no manifiesten ningún síntoma, algo nunca visto en toda la historia de la medicina convencional. Han conseguido que los ciudadanos hagan por ellos el trabajo sucio llamando irresponsables y denunciando a cualquiera que incumpla sus medidas de seguridad. Han conseguido mermar nuestras libertades, nuestros derechos y que, encima, les aplaudan por ello. Han conseguido hacer que la gente se sienta culpable si no cumple las supuestas medidas de seguridad. Han conseguido que la gente rehúya el contacto con otros seres humanos porque creen que cualquiera puede contagiarles aunque no manifieste ningún síntoma. Han conseguido que muchos crean que la única manera de volver a la normalidad, de recuperar su libertad sea que les inyecten una vacuna no importa lo que lleve. En definitiva, han conseguido que NADIE SE CUESTIONE NADA.

Aún estamos a tiempo de frenarles pero para ello es necesario RESPONSABILIZARNOS DE NUESTRA SALUD. No podemos dejarla en manos de estos desalmados. Es necesario que sepáis que NINGÚN VIRUS CAUSA NINGUNA ENFERMEDAD. Sí, pueden estar presentes pero no son más culpables que alguien que pasa por la calle y descubre un cadáver.

La medicina convencional está cegada desde que Pasteur descubrió los gérmenes. Surgió entonces la teoría del germen para así culpar de casi todas las enfermedades a los microorganismos y así poder perpetuar un ESTILO DE VIDA ABUSIVO que es la causa de TODAS LAS ENFERMEDADES que asolan este planeta.

Lo realmente importante aquí es cada uno de nosotros hagamos uso del SENTIDO COMÚN y nos percatemos de las INCONGRUENCIAS constantes de este paripé que han montado. Ejemplos hay a patadas pero he aquí algunos:

 

  • Declaran una pandemia basándose en un test que no diagnostica la enfermedad ni tampoco nos dice si una persona es contagiosa o no. Entonces, ¿para qué sirve?

  • Si la llamada gripe estacional deja un balance aproximado de más de mil millones de casos y unos 650.000 fallecidos a nivel mundial, ¿por qué nunca se ha declarado una pandemia y nunca se han implantado estas medidas de seguridad?

  • Nos dicen que sólo determinados grupos de riesgo son los que pueden contagiar la enfermedad pero, de la noche a la mañana, toda la población se convierte en un grupo de riesgo. ¿En qué se basan?

  • Al principio de esta locura, cuando, según los medios de comunicación, todos los días había casos, podíamos salir a hacer ciertas gestiones sin mascarilla. Cuando los casos van disminuyendo la hacen obligatoria. ¿Alguien entiende algo?

  • ¿Por qué el uso obligatorio de la mascarilla para toda la población si, supuestamente, los que la llevan ya están protegidos y no pueden contagiar a nadie?

  • ¿Por qué dentro de casa nadie lleva la mascarilla? ¿Qué pasa que sólo podemos contagiar a los extraños pero no a los de nuestro círculo familiar? ¡Qué virus tan listo, la verdad!

  • Nos dicen que el virus es tan sumamente pequeño que es necesario un microscopio muy potente para poder «verlo». ¿Cómo una mascarilla va impedir el paso de algo tan diminuto que puede colarse por cualquier parte?

  • Nos recalcan continuamente la importancia de mantener la famosa distancia de seguridad cuando desde que se impuso la obligatoriedad de la mascarilla, nadie la mantiene. ¿Por qué seguir insistiendo en que la mantengamos a pesar de todo?

  • Durante la compra nos venden la milonga de que estas medidas son por nuestra seguridad y por nuestra salud obviando el hecho de que las estanterías están repletas de productos de alimentación, de limpieza, de cosmética que son peligrosos y nocivos para la salud y para todo el planeta. ¿Veláis por mi seguridad o por la vuestra?

  • Durante la desescalada, puedo sentarme a comer con un grupo de amigos pero cuando me levanto, me tengo que poner la mascarilla. ¿Qué pasa, que el virus se desactiva cuando estamos comiendo sentados y se vuelve activar cuando nos levantamos?

  • Hacen hincapié en que mantengamos la famosa distancia social. Si nos encontramos con alguien no podemos abrazarle pero, en cambio, los deportistas sí se pueden abrazar sin ningún problema. ¿Por qué a ellos se les permite y al resto de la población no?

  • En los programas de televisión como telediarios, programas de debate, concursos, los presentadores e invitados no llevan la mascarilla. En cambio, el público sí. ¿Por qué esa discriminación?

  • Tenemos que lavarnos las manos con el gel hidroalcohólico para matar al virus. ¿Si este gel mata al virus para qué vacunarse?

  • Nos hacen creer que los hospitales están colapsados, que hay rebrotes a diestro y siniestro pero cuando vas a ellos, no hay casi nadie. ¿Qué pasa aquí?

  • Si una persona vacunada está protegida frente al «bicho» ¿Por qué vacunar a todo el mundo si los que ya están vacunados ya están protegidos? ¿Acaso no confían en que la vacuna les proteja? Si no les protege, ¿para qué ponérsela?

  • Si la vacuna es tan segura ¿por qué tengo que esperar una hora en el centro de salud por si se produce un síncope vasovagal? ¿No será que es peor el remedio que la enfermedad?

  • Vivimos rodeados de bacterias, virus. Nuestro organismo está lleno de ellos. Entonces ¿qué hacemos? ¿Un suicidio colectivo?

¿Por qué ese empeño, esa insistencia en proclamar a los cuatro vientos que estamos ante una pandemia casi apocalíptica cuando no es verdad? Si todavía no os habéis percatado, os lo diré: estamos ante una de las MANIPULACIONES MÁS GRANDES Y DESTRUCTIVAS DE TODA LA HUMANIDAD que está siendo perpetrada por un grupo de malhechores sin escrúpulos. Son gente que ocupa posiciones de poder y disponen de los recursos económicos necesarios para poder comprar a todo aquel que ose interponerse en su camino.

Si todavía pensáis que estoy exagerando, diseccionemos una por una las fases de esta falsa pandemia o, mejor aún, imaginemos que tenemos el encargo de crear un pánico nunca visto entre la población mundial.

PRIMERA FASE: CREAR UNA «NUEVA» ENFERMEDAD. Utilizando como base la llamada gripe estacional de toda la vida, añadimos un par de síntomas nuevos, eso sí tan graves como para poder causar a priori la muerte y la damos un nuevo nombre contando con el beneplácito de esa organización que supuestamente vela por nuestra salud y con el concurso de los medios de comunicación para que ofrezcan una información sesgada: enfocándose en los fallecidos pasando por alto el hecho de que son más los que se recuperan que los que fallecen; inflando las estadísticas con gente que muere a causa de otra enfermedad; diciendo que determinados países tienen muchísimos casos sin tener en cuenta que a más habitantes, más casos habrá.

SEGUNDA FASE: UTILIZAR UN TEST PARA DETECTAR LA «NUEVA» ENFERMEDAD. Necesitamos una herramienta que detecte esta enfermedad en concreto y que determine si una persona está o no está contagiada. En este caso optamos por utilizar el llamado Test PCR: un test que nunca estuvo pensado para esto pero que nos viene de perlas para engordar las estadísticas porque una misma persona puede dar positivo muchas veces y cada vez que ocurra decimos que hay más personas contagiadas. Si resulta que la persona tiene síntomas pero el test no los detecta, decimos que es un falso positivo. Y, si no tiene síntomas y da positivo, decimos que es un falso negativo. ¡Genial! Lo mires cómo lo mires, nosotros, los mandamases, siempre vamos a tener la sartén por el mango.

TERCERA FASE: AMPLIAR LA LISTA DE CONTAGIOS Primero, consideramos como afectados y potencialmente contagiosos sólo aquellos que manifiestan los síntomas que se atribuyen a esta nueva enfermedad. Todo aquel con patologías previas, en especial si es mayor, es un candidato ideal para incluirlo en la lista de afectados. Como estos no son suficientes, nos inventamos un nuevo término: asintomático, es decir, alguien que no tiene síntomas, que puede haber dado positivo o no según este magnífico test pero que puede contagiarte la enfermedad. De este modo pillamos prácticamente a toda la población. Para seguir engordando la lista de afectados metemos también a los niños y ¡ahora ya sí que tenemos pillada a toda la población!

CUARTA FASE: DECLARAR EL ESTADO DE ALARMA Ahora que ya hemos convencido a casi toda la población mundial de la virulencia de esta nueva enfermedad creando el consiguiente pánico, podemos decretar el estado de alarma con la excusa de que estamos velando por su seguridad.

QUINTA FASE: IMPONER MEDIDAS DE SEGURIDAD En esta fase nadie va a tener la osadía de cuestionar las medidas que vamos a imponer porque, claro, estamos velando por «la seguridad y por la salud» de todo el planeta. Además, con el pánico que hemos creado nos aseguramos de tener un montón de «colaboradores» que hagan el trabajo sucio por nosotros, es decir, que vayan por ahí delatando a todo aquel que incumpla nuestras medidas.

SEXTA FASE: LAS MEDIDAS Comenzamos restringiendo la movilidad, encarcelando, perdón, confinando a la gente en sus casas permitiéndoles salir a hacer ciertas gestiones por un tiempo limitado como convictos en libertad condicional. Les obligamos a mantener una distancia de seguridad de 2 metros y mantenerse alejados de sus seres queridos. Les obligamos a usar guantes de plástico y a lavarse las manos varias veces al día con el gel hidroalcohólico.

SÉPTIMA FASE: AUMENTAR AÚN MÁS LAS MEDIDAS DE «SEGURIDAD» Como no podemos alargar el estado de alarma indefinidamente, les hacemos creer que ya se va a poder hacer una vida más o menos normal levantando las restricciones en la movilidad poco a poco, acortando la distancia social, permitiendo la reunión con amigos y familiares, abriendo los comercios. Como no queremos que se relajen demasiado, permitimos todo esto de forma escalonada, obligando al cumplimiento de unos horarios dando una falsa sensación de libertad. Para que sepan quién manda, hacemos que aparezcan rebrotes en las comunidades para así poder volver a las restricciones e imponer el uso obligatorio de la mascarilla hasta en la sopa.

OCTAVA FASE: SEGUIR CREANDO MÁS PÁNICO Para justificar estas medidas, nos dedicamos a hacer tests masivos a toda la población con el consiguiente aumento de casos y decimos que esta es la «segunda ola de la pandemia» y que todo apunta a que pueda haber una tercera ola, una cuarta…

NOVENA FASE: VACUNACIÓN Sentadas las bases de un pánico generalizado a nivel mundial, hacemos creer a todo el mundo que la única alternativa para acabar con esta pandemia es que toda la población se vacune aun cuando se incumplan todos los protocolos para saber si la vacuna es segura o no. Total la gente sólo quiere volver a su antigua «normalidad» así están dispuestos a inyectarse lo que sea con tal de conseguirlo. ¡Qué listos somos!

DÉCIMA FASE: CONTROL TOTAL Nos convertimos en los salvadores del mundo. Después de todo llevamos meses velando por su seguridad. Aquellos que se nos oponen los desacreditamos diciendo que son unos irresponsables por no cumplir las medidas de seguridad y por no querer vacunarse. Con la inmensa mayoría de la población de nuestro lado y viendo lo fácil que ha sido manipularla, ahora que ellos mismos nos han dado el control de sus vidas, podemos hacer con ellos lo que queramos, es decir, seguir recortando sus derechos y que, encima, nos den las gracias porque estamos velando por su seguridad, por supuesto.

Ya lo veis parece una pesadilla pero es real. Está sucediendo ahora mismo. Estamos dejando que nos manipulen y nos controlen. Realmente, han hecho un excelente trabajo de manipulación muy semejante al que hacen los maltratadores que machacan a sus víctimas hasta hacerlas creer que no valen nada y que su salvación depende de que cumplan sus normas. ¿Por qué les está siendo tan fácil manipularnos? Existen varias razones:

 

 

  • Un sistema de salud defectuoso basado en paliar los síntomas está en la raíz de esta manipulación de la que somos objeto. Para la medicina ortodoxa la etiología de la inmensa mayoría de las enfermedades, salvo las que llaman infecciosas, es desconocida. No hay más que ver el cáncer: llevan toda la vida investigando y aún no saben la causa.

  • La creencia, universalmente extendida de que las llamadas enfermedades infecciosas están causadas por agentes patógenos como bacterias, virus, hongos, etc., se remonta hace al menos dos siglos y está muy arraigada. De modo que no es de extrañar que los políticos y la gente a pie de calle la secunden si los que se suponen que velan por nuestra salud, la defienden a capa y espada como la única causa posible de estas enfermedades.

  • El desconocimiento de lo que es realmente la enfermedad y nuestra dependencia de los médicos y los fármacos para erradicarla. La inmensa mayoría de la gente está acostumbrada a dejar su salud en manos de los médicos cuando la salud es responsabilidad de cada uno. Si todo el mundo tuviese unos conocimientos básicos de cómo funciona nuestro cuerpo físico y cuáles son los requisitos para mantenerlo sano, sólo acudiríamos al médico cuando fuera estrictamente necesario.

  • Ignorar por completo la capacidad autocurativa de nuestro cuerpo físico como si fuese un ser indefenso incapaz de protegerse o cuidar de sí mismo cuando a todas horas nos demuestra su sabiduría e inteligencia como cuando nos hacemos una herida y, en seguida, se movilizan todos sus recursos para iniciar el proceso de cicatrización.

  • La creencia de que podemos inmunizarnos frente a cualquier enfermedad infecciosa si nos ponemos una vacuna ignorando el hecho de que toda acción tiene sus consecuencias y que, por lo tanto, nadie es ni puede llegar a ser inmune y, mucho menos, inyectándose un veneno.

  • La creencia de que no importa cuál sea tu estilo de vida, la causa de cualquier enfermedad es culpa de algo ajeno a ti, no al hecho de que tus hábitos de vida sean insanos.

La auténtica pandemia es una PANDEMIA DE IGNORANCIA. De esta ignorancia y de esta dejadez se están aprovechando unos cuantos en el planeta para manejarnos y controlarnos a su antojo. De nosotros depende plantarles cara y negarnos a someternos a ellos. Saben que somos más que ellos pero también saben cómo manipularnos. La única solución es hacernos conscientes de esta Gran Verdad:

 

«YO SOY RESPONSABLE DE MI SALUD Y SON MIS HÁBITOS DE VIDA LOS QUE GENERAN SALUD O ENFERMEDAD»




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