Permacultura Urbana
Siguiendo un diseño y ética del aprovechamiento adecuado, podría ser esto, algo para nosotros muy novedosos, pero que en algunas ciudades del mundo ya se pone en práctica desde hace tiempo. Se verían beneficiados todos los albergues y comedores de personas sin hogar, varios centenares de colegios que se ven con problemas de abastecimiento en sus almacenes y cocinas, barriadas enteras de sectores socialmente marginados, etc. etc. etc.
Naturalmente para este tipo de nueva estructura tendríamos que contar con un cambio de conciencia radical a partir de los gobernantes hasta el último de los gobernados, y en esta criba entraríamos todos sin excepción.
Pero también podríamos intentar ese cambio de conciencia (y este es el de mejor resultado) a partir de nosotros mismos, sin mirar lo que consideraríamos "defectos ajenos", podremos ciertamente implementar un cambio que por pequeño que parezca, estará ya obrando como el reajuste de un nuevo y lubricado engranaje, en una máquina antigua y en desuso.
Conozco a quien, en un piso de 100 mts2 instalado en un barrio céntrico de Madrid, sólo posee un balcón con vistas a la calle en un tercer piso.
Horas de sol: desde las 17,30 hasta el ocaso. Dimensiones: 2,50 mt de largo por 0,80 mt. de ancho. (o sea, muy pequeño).
Allí produce dos variedades de lechugas, una de tomate, judía verde de enrame, perejil, lavanda y menta.
Parece imposible, pero no lo es, sólo necesito un poco de imaginación, algunos datos orientativos respecto a qué cultivar y cómo, unas tablas para estantes, bidones de agua mineral de 10 Lt. a la pared sujetos para coger la tomatera y el enrame de las judías, un poco de paciencia, muy poca dedicación y YA.
Come unas lechugas y tomates que le saben a gloria, unas judías verdes muy tiernas, nunca le falta perejil y cuatro o cinco veces al año, con un pequeño atado de hojas de lavanda, metidos en unos saquitos de tela (que le cosió su madre) aromatiza sus roperos y armarios, mientras se bebe un Té moruno con menta de su propia cosecha.
Mi amiga mira la ventana de su balcón o intenta ver más allá, en el parque del barrio, donde se alzan majestuosos los eucaliptos, abetos, pinos y otras coníferas. Tan sólo por un momento se imagina que estos han sido cambiados por nogales, almendros, castaños y frutales, y a la sombra de estos verdes amistosos, la gente se reúne para reciclar el papel, las latas de refrescos, el cristal, los muebles viejos y otras curiosidades, y bailan, y se ríen, y cantan, y agradecen a Dios haber nacido.
Mi amiga abre sus ojos y mirando más aquí,
descubre su verde balcón y sonríe porque
sabe que ¡¡¡ SI. SE PUEDE ! ! !
FUENTE: La Revistilla, núm. 8 Sep/Oct 1996, pág.34