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El valor
de la Confianza
José Manuel Casado
Editor, escritor, asesor de la salud
Es frecuente oir a personas de nuestro
entorno exclamar indignadas: "¡Esto me
pasa por haber confiado en él ! ¡ Parezco un
crío!" consideran que confiar representa
debilidad y abre las puertas de par en par a
las traiciones, disgustos y engaños. Optan
por la desconfianza, por la prudencia, por
la reserva considerándose inteligentes.
Confiar siempre en todas las situaciones
posiblemente no sea muy aconsejable
porque la ceguera tampoco es muy
recomendable, sin embargo, el que desconfía de los
demás quizá nadie le perturbe, nadie le
"muerda" pero tampoco nadie le amará,
vivirá día a día en un estado contínuo de
miedo y de sospechas sin llegar a ser libre.
Las sospechas, la desconfianza, las
dudas, el miedo generan fuerzas negativas y
destructivas que transforman la vida de la
persona en una esclavitud continua:
" ¡Cuidado me puede engañar! ¡Seguro
que me está mintiendo! ¡Tras esa cara de
niño bueno se esconde un tiburón! ¡No ha
quedado conmigo y se ha ido con otra!
Cuando desconfiamos o sospechamos
de alguien le incitamos a realizar aquello de
lo que le consideramos sospechoso. Un
novio sospecha que su novia cuando sale a
divertirse con sus amigas en realidad le
engaña con otro. Esto se lo reprocha a su
novia una y otra vez, ella se justifica, se
enfada, protesta. Es inútil, él continúa
desconfiando. Al cabo de un tiempo, ella,
cansada de los interrogatorios y sospechas, no
aguanta más, y al final, traiciona a su novio
y se va con otro. Una madre sospecha que
su hijo le roba dinero de su bolso. Le acusa
e incluso le castiga por no "decir la
verdad". El hijo está triste y no sabe que hacer
para convencer a su madre de que su
acusación no es cierta. Sin embargo, su madre
continúa desconfiando. Al cabo de un
tiempo, el hijo decepcionado y resentido
por la actitud de su madre decide hacer
realidad sus sospechas robándola no sólo el
dinero de su bolso, sino también de la caja
fuerte de su habitación.
El que desconfía sólo ve y se concentra
en los defectos de los demás olvidando las
virtudes. Incluso intensifica y agranda los
defectos del otro justificando de esta forma
su desconfianza y sospechas. Este
comportamiento conlleva soledad y enemigos,
¿quén va a querer ser amigo nuestro si
desconfiamos de todo el mundo y sólo nos
fijamos en sus defectos?
La confianza es necesaria para vivir pues
sin ella nada funcionaría. Cuando
conduces confías en que los otros conductores
que van por la carretera no van a colisionar
con tu coche. Cuando compras la comida
en el supermercado confías que el
vendedor no la ha envenenado. Cuando compras
un disco en una tienda confías en que no
estará rayado. Cuando coges el metro o el
autobús confías en que el conductor sabe
conducir y no provocará ningún accidente.
Cuando vas en avión confías en que la
compañía aérea ha revisado correctamente
el aparato y el piloto no está borracho y
sabe pilotar. Cuando vas a ver una película al
cine confías en que el techo no se va a
derrumbar. Cuando vas a un restaurante a
cenar confías en que el cocinero no te ha
echado arsénico a la ensalada. Cuando
votas en unas elecciones confías en el partido
que has votado. Por tanto, sin la confianza
no podrías vivir y nada funcionaría.
La confianza transforma a las personas
y les hace evolucionar. Cuando te fías de
alguien aunque sea un mendigo, un
borracho, un drogadicto, un vicioso, un
presidiario, tu peor enemigo, un ser débil, esta
confianza que depositas en él le estimula a
menudo a mejorarse para demostrarte que
no te has equivocado sobre sus virtudes. Si
siempre les cerramos las puertas y nos
fijamos en sus defectos, ¿creees que les
motivaremos para transformarse?
A veces cuando confiamos en alguien,
después nos decepciona y nos hace mucho
daño, y deducimos que no deberíamos
haber confiado en él. Sin embargo, porque
alguien no ha estado a la altura de nuestra
confianza no quiere decir que todos
actúen como él. En una caja de peras o de
manzanas siempre hay algunas frutas
podridas, pero a pesar de ello no tiramos
toda la caja, ¿verdad? Alguna vez ocurren
accidentes en el metro, en el autobús, en
avión, en tren, sin embargo ¿esto quiere
decir que ya nunca vamos a poder montar
en estos medios de transporte?
Anualmente en las vacaciones de
verano muchas personas mueren en la
carretera con sus turismos, ¿ésto quiere decir que
ya nunca vamos a poder ir de vacaciones
por carretera? Algunas personas en las que
depositamos nuestra confianza nos
traicionarán pero muchas más nos devolverán la
confianza centuplicada. Es mejor ser
mordido pero tener al final el mundo entero
que no tener ninguna cicatriz y seguir
anclado, sólo y atado por las cadenas de los
miedos, sospechas y desconfianzas.
¡Confía amigo mío y serás libre!
FUENTE: REVISTA Revistilla, Núm. 13 jul/ago de 1997, pág. 14, por José Manuel Casado
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El valor
de la Confianza
José Manuel Casado
Editor, escritor, asesor de la salud
Es frecuente oir a personas de nuestro
entorno exclamar indignadas: "¡Esto me
pasa por haber confiado en él ! ¡ Parezco un
crío!" consideran que confiar representa
debilidad y abre las puertas de par en par a
las traiciones, disgustos y engaños. Optan
por la desconfianza, por la prudencia, por
la reserva considerándose inteligentes.
Confiar siempre en todas las situaciones
posiblemente no sea muy aconsejable
porque la ceguera tampoco es muy
recomendable, sin embargo, el que desconfía de los
demás quizá nadie le perturbe, nadie le
"muerda" pero tampoco nadie le amará,
vivirá día a día en un estado contínuo de
miedo y de sospechas sin llegar a ser libre.
Las sospechas, la desconfianza, las
dudas, el miedo generan fuerzas negativas y
destructivas que transforman la vida de la
persona en una esclavitud continua:
" ¡Cuidado me puede engañar! ¡Seguro
que me está mintiendo! ¡Tras esa cara de
niño bueno se esconde un tiburón! ¡No ha
quedado conmigo y se ha ido con otra!
Cuando desconfiamos o sospechamos
de alguien le incitamos a realizar aquello de
lo que le consideramos sospechoso. Un
novio sospecha que su novia cuando sale a
divertirse con sus amigas en realidad le
engaña con otro. Esto se lo reprocha a su
novia una y otra vez, ella se justifica, se
enfada, protesta. Es inútil, él continúa
desconfiando. Al cabo de un tiempo, ella,
cansada de los interrogatorios y sospechas, no
aguanta más, y al final, traiciona a su novio
y se va con otro. Una madre sospecha que
su hijo le roba dinero de su bolso. Le acusa
e incluso le castiga por no "decir la
verdad". El hijo está triste y no sabe que hacer
para convencer a su madre de que su
acusación no es cierta. Sin embargo, su madre
continúa desconfiando. Al cabo de un
tiempo, el hijo decepcionado y resentido
por la actitud de su madre decide hacer
realidad sus sospechas robándola no sólo el
dinero de su bolso, sino también de la caja
fuerte de su habitación.
El que desconfía sólo ve y se concentra
en los defectos de los demás olvidando las
virtudes. Incluso intensifica y agranda los
defectos del otro justificando de esta forma
su desconfianza y sospechas. Este
comportamiento conlleva soledad y enemigos,
¿quén va a querer ser amigo nuestro si
desconfiamos de todo el mundo y sólo nos
fijamos en sus defectos?
La confianza es necesaria para vivir pues
sin ella nada funcionaría. Cuando
conduces confías en que los otros conductores
que van por la carretera no van a colisionar
con tu coche. Cuando compras la comida
en el supermercado confías que el
vendedor no la ha envenenado. Cuando compras
un disco en una tienda confías en que no
estará rayado. Cuando coges el metro o el
autobús confías en que el conductor sabe
conducir y no provocará ningún accidente.
Cuando vas en avión confías en que la
compañía aérea ha revisado correctamente
el aparato y el piloto no está borracho y
sabe pilotar. Cuando vas a ver una película al
cine confías en que el techo no se va a
derrumbar. Cuando vas a un restaurante a
cenar confías en que el cocinero no te ha
echado arsénico a la ensalada. Cuando
votas en unas elecciones confías en el partido
que has votado. Por tanto, sin la confianza
no podrías vivir y nada funcionaría.
La confianza transforma a las personas
y les hace evolucionar. Cuando te fías de
alguien aunque sea un mendigo, un
borracho, un drogadicto, un vicioso, un
presidiario, tu peor enemigo, un ser débil, esta
confianza que depositas en él le estimula a
menudo a mejorarse para demostrarte que
no te has equivocado sobre sus virtudes. Si
siempre les cerramos las puertas y nos
fijamos en sus defectos, ¿creees que les
motivaremos para transformarse?
A veces cuando confiamos en alguien,
después nos decepciona y nos hace mucho
daño, y deducimos que no deberíamos
haber confiado en él. Sin embargo, porque
alguien no ha estado a la altura de nuestra
confianza no quiere decir que todos
actúen como él. En una caja de peras o de
manzanas siempre hay algunas frutas
podridas, pero a pesar de ello no tiramos
toda la caja, ¿verdad? Alguna vez ocurren
accidentes en el metro, en el autobús, en
avión, en tren, sin embargo ¿esto quiere
decir que ya nunca vamos a poder montar
en estos medios de transporte?
Anualmente en las vacaciones de
verano muchas personas mueren en la
carretera con sus turismos, ¿ésto quiere decir que
ya nunca vamos a poder ir de vacaciones
por carretera? Algunas personas en las que
depositamos nuestra confianza nos
traicionarán pero muchas más nos devolverán la
confianza centuplicada. Es mejor ser
mordido pero tener al final el mundo entero
que no tener ninguna cicatriz y seguir
anclado, sólo y atado por las cadenas de los
miedos, sospechas y desconfianzas.
¡Confía amigo mío y serás libre!
FUENTE: REVISTA Revistilla, Núm. 13 jul/ago de 1997, pág. 14, por José Manuel Casado
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FUENTE: REVISTA Revistilla, Núm. 13 jul/ago de 1997, pág. 14, por José Manuel Casado


