NUESTRA CONDICIÓN INDIVIDUAL se expresa a través
de nuestro cuerpo, nuestra energía y nuestra
mente. La energía se manifiesta en la voz, la
respiración con sonido. La voz como energía, no es
material, visible o tangible. La voz como el sonido
y la música es vibración, haciéndose más
perceptible a nuestra conciencia. Cuando estamos más
presentes, más atentos a escuchar lo invisible.
Todo lo que vibra produce una frecuencia a
veces audible y a veces no. Cuando nos centramos
en agudizar nuestra escucha podemos
conectarnos concientemente con la dimensión de la
vibración. Es una experiencia sutil y a veces
extraordinaria, transcente.
En un plano físico, vivimos la voz como
respiración y sistema muscular. En un espacio más
invisible, la voz y el canto -en su expresión más
librenos conectan potencialmente con lo que está más
allá de nosotros mismos, una totalidad cósmica y
terapeútica (sambogakaya en el sistema tibetano)
con la que nos comunicamos a nivel de energía,
visualización y meditación.
La producción de un sonido largo y afinado
("toning"), en un contexto liberador puede
cambiar la totalidad de nuestra disposición
psico-física instantáneamente, y transportarnos del temor
al amor. De la resistencia a la entrega, del
rechazo a la compasión. Así, la energía del canto y la
voz tienen el poder de revelarnos nuestra
presencia natural, nuestro propio potencial terapeútico.
El canto se produce en el ámbito de la conciencia
pura, el aquí-ahora infinito.
Probemos con un ejercicio musical: Sentados
cómodamente o de pie, con una postura sin
esfuerzo, preferiblemente con los ojos cerrados, nos
abandonamos a la pura presencia y ejecución del
"canto abierto". Nos dejamos guiar naturalmente
por un tono que necesita expresarse, y luego
aparece una melodía corta. A través de la escucha
profunda y la repetición conciente del mismo
grupo de notas, las cantamos cada vez más
claramente, dejando que la música que sale de ellas
nos guie, sin intención personal.
Observamos, como en el espacio de 10
minutos la voz va adquiriendo cuerpo, claridad y
emoción. Si aparece un recuerdo lo dejamos pasar, sin
apego. Si aparece una melodía conocida, la
dejamos pasar, sin apego. Si aparece la intención de
cambiar constantemente las notas, la dejamos pasar.
La consigna es escuchar como la misma
melodía que se repite adquiere vida propia, y se recrea
a sí misma adquiriendo fuerza e identidad. Nos
dejamos repetir, bajando el volumen, hasta que el
sonido se encuentra con el silencio. Nos
quedamos unos minutos en el lugar fertil de la
contemplación silenciosa, sin pensamientos. Abrimos los
ojos. Naturalmente nos encontramos con una
sonrisa de salud. Nos hemos conectado
positivamente con el canto como vehículo, el canto como
invocación, el canto como meditación, o la voz
como energía...
Naturalmente nos transformamos al
manifestar nuestro ser creativo, aquel aspecto tan
preciado de nuestra personalidad. Nos liberamos al
participar en una experiencia musical inducida por la
energía creadora que destila la voz y el canto.
La expresión vocal que es el canto pone de
manifiesto nuestra pura naturaleza, y con ella
aquella identidad emocional que a veces se elige
esconder por temor al rechazo o la entrega. Más
allá de si nos gusta como cantamos o no, es
beneficioso recordar que el círculo del "me gusta" nos
conecta con el apego, el "no me gusta" con la
aversión o el rechazo, y la indiferencia puede que
se convierta en ignorancia, o pérdida de energía.
El canto abierto es una vía de acceso a
procesos "preciosos" de reconocimiento y
re-valorización personal. Otro milagro de auto-sanación al
alcance de toda persona capaz de darse a sí
misma 15 minutos diarios de soledad terapeútica,
escucha contemplativa, en la forma de práctica musical .
Son todas formas de meditar. El canto guiado
por melodías simples y originales nos introduce en
la esencia de la participación musical, induciendo
un sentimiento combinado de presencia y
felicidad, lo que en la mayoría de los casos se resume
en sensaciones de unión, humildad y perdón.
FUENTE: La Revistilla, Nov-Dic 1997, pág. 14, Autora: Silvia Nakkach, Tel. 914424789