La Voz como Energía
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La Voz como Energía
por Silvia Nakkach

NUESTRA CONDICIÓN INDIVIDUAL se expresa a través de nuestro cuerpo, nuestra energía y nuestra mente. La energía se manifiesta en la voz, la respiración con sonido. La voz como energía, no es material, visible o tangible. La voz como el sonido y la música es vibración, haciéndose más perceptible a nuestra conciencia. Cuando estamos más presentes, más atentos a escuchar lo invisible.

Todo lo que vibra produce una frecuencia a veces audible y a veces no. Cuando nos centramos en agudizar nuestra escucha podemos conectarnos concientemente con la dimensión de la vibración. Es una experiencia sutil y a veces extraordinaria, transcente.

En un plano físico, vivimos la voz como respiración y sistema muscular. En un espacio más invisible, la voz y el canto -en su expresión más librenos conectan potencialmente con lo que está más allá de nosotros mismos, una totalidad cósmica y terapeútica (sambogakaya en el sistema tibetano) con la que nos comunicamos a nivel de energía, visualización y meditación.

La producción de un sonido largo y afinado ("toning"), en un contexto liberador puede cambiar la totalidad de nuestra disposición psico-física instantáneamente, y transportarnos del temor al amor. De la resistencia a la entrega, del rechazo a la compasión. Así, la energía del canto y la voz tienen el poder de revelarnos nuestra presencia natural, nuestro propio potencial terapeútico. El canto se produce en el ámbito de la conciencia pura, el aquí-ahora infinito.

Probemos con un ejercicio musical: Sentados cómodamente o de pie, con una postura sin esfuerzo, preferiblemente con los ojos cerrados, nos abandonamos a la pura presencia y ejecución del "canto abierto". Nos dejamos guiar naturalmente por un tono que necesita expresarse, y luego aparece una melodía corta. A través de la escucha profunda y la repetición conciente del mismo grupo de notas, las cantamos cada vez más claramente, dejando que la música que sale de ellas nos guie, sin intención personal.

Observamos, como en el espacio de 10 minutos la voz va adquiriendo cuerpo, claridad y emoción. Si aparece un recuerdo lo dejamos pasar, sin apego. Si aparece una melodía conocida, la dejamos pasar, sin apego. Si aparece la intención de cambiar constantemente las notas, la dejamos pasar.

La consigna es escuchar como la misma melodía que se repite adquiere vida propia, y se recrea a sí misma adquiriendo fuerza e identidad. Nos dejamos repetir, bajando el volumen, hasta que el sonido se encuentra con el silencio. Nos quedamos unos minutos en el lugar fertil de la contemplación silenciosa, sin pensamientos. Abrimos los ojos. Naturalmente nos encontramos con una sonrisa de salud. Nos hemos conectado positivamente con el canto como vehículo, el canto como invocación, el canto como meditación, o la voz como energía...

Naturalmente nos transformamos al manifestar nuestro ser creativo, aquel aspecto tan preciado de nuestra personalidad. Nos liberamos al participar en una experiencia musical inducida por la energía creadora que destila la voz y el canto.

La expresión vocal que es el canto pone de manifiesto nuestra pura naturaleza, y con ella aquella identidad emocional que a veces se elige esconder por temor al rechazo o la entrega. Más allá de si nos gusta como cantamos o no, es beneficioso recordar que el círculo del "me gusta" nos conecta con el apego, el "no me gusta" con la aversión o el rechazo, y la indiferencia puede que se convierta en ignorancia, o pérdida de energía.

El canto abierto es una vía de acceso a procesos "preciosos" de reconocimiento y re-valorización personal. Otro milagro de auto-sanación al alcance de toda persona capaz de darse a sí misma 15 minutos diarios de soledad terapeútica, escucha contemplativa, en la forma de práctica musical .

Son todas formas de meditar. El canto guiado por melodías simples y originales nos introduce en la esencia de la participación musical, induciendo un sentimiento combinado de presencia y felicidad, lo que en la mayoría de los casos se resume en sensaciones de unión, humildad y perdón.

FUENTE: La Revistilla, Nov-Dic 1997, pág. 14, Autora: Silvia Nakkach, Tel. 914424789