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La Comprensión el Camino
para la Liberación
Por José Manuel Casado Sierra
para la Liberación
Por José Manuel Casado Sierra
Muchas veces cuando voy a coger mi coche, el cual está aparcado en la calle y debajo de varios árboles, me lo encuentro repleto de hojas y de manchas de heces de pájaros. Sinceramente no me agrada en absoluto encontrar mi vehículo de esa forma tan "natural". Podría maldecir, ante tal desagradable panorama, tanto a los árboles como a los pájaros, ya éstos últimos incluso asustarles con mis gritos y mis gestos violentos, pero, sinceramente ¿de qué me serviría?¿Quedaría mi coche limpio e intacto?¿Dejarían los árboles de tirar sus hojas y los pájaros de hacer sus necesidades encima de mi coche? No, ¿verdad?¿Qué hacer entonces? Comprender y reflexionar.
Lo primero, comprender que tanto los árboles como los pájaros hacen eso no por fastidiarme sino porque su propia naturaleza les impulsa a actuar de esa forma. Después, reflexionar y aparcar el coche en otro sitio, y sino aceptar la situación y ver su lado positivo. ¿Qué harían la mayoría de las personas ante la misma situación? Posiblemente asustarían a los pájaros obsequiándoles con "ruidosas" palabras y no reflexionarían.
A través de estas situaciones tan simples y cotidianas la vida nos enseña importantes lecciones; una de ellas, es la de que antes de desear criticar o dejuzgar a alguien es conveniente utilizar una inteligente y sabia virtud: la comprensión.
¿A lo largo del día cuántas veces te paras a pensar por qué razón esa persona o aquella actúa de esa forma determinada?¿Cuántas veces te pones en su lugar? Los seres humanos no somos una calculadora en la que dos más dos son cuatro, no,¡qué va!, muchas veces, son cinco o seis o veinte. Somos seres a veces ilógicos, influenciados por las circunstancias, por nuestro físico, nuestros pensamientos, nuestros complejos, nuestras virtudes, nuestro trabajo, nuestras experiencias, nuestras preocupaciones, nuestra familia, amigos, pareja, hijos y un casi interminable etcétera. Por tanto, asumir que los que nos rodean van a actuar como nosotros queremos no es de personas inteligentes.
¿No crees que es mejor intentar comprender el porqué nuestro prójimo ha actuado así que criticarle o juzgarle agotando nuestra energía nerviosa vital, perdiendo nuestro valioso tiempo y acumulando en nuestro ser pensamientos negativos como por ejemplo de odio, ira, rencor, envidia o celos que nos van a perjudicar, deteriorando nuestra salud y desequilibrándonos psíquica, física y espiritualmente?
¡Comprende, este es el secreto!
Quizás si tú vivieras donde él o ella vive, si tuvieras su físico, sus complejos, si hubieras recibido su misma educación, si hubieras estudiado la misma carrera, si tuvieras sus mismas creencias, sus mismos problemas, sus mismas ambiciones, su hubieras vivido sus mismas experiencias, quizás, lo más probable que actuaras y pensaras como él o ella lo hace. Por tanto, no tenemos derecho a juzgar o a criticar a nadie pues si fuéramos.como él haríamos lo mismo; ni siquiera el más grande de los Maestros, Jesús de Nazaret, vino a la tierra a juzgar a los hombres, entonces, ¿quienes somos tú o yo para juzgarles?
Si comprendes te liberas de pensamientos destructivos, de energías negativas y te ahorras un tiempo valiosísimo para pensar o realizar otras cosas. Los árboles sueltan sus hojas en otoño, los pájaros se posan en los árboles, los perros ladran y los bebés lloran cuando tienen hambre, ¿verdad? No pidas que los árboles no suelten sus hojas ni que los pájaros no se posen en los árboles ni que los perros no ladren o que los bebés no lloren al tener hambre, ¡no! Pide mejor que la comprensión conquiste tu cerebro y espíritu para que al contemplarlos sonrías y te digas a ti mismo: "Son así todos ellos y no les quiero ni puedo cambiar; comprendo por qué hacen lo que hacen y les acepto tal como son."
Si llevas contigo siempre la comprensión, no importa donde estés, pues siempre, siempre serás recibido con agrado y las puertas se te abrirán de par en par. Comprendamos y nos liberaremos.
Fuente:
Fuente: Artículo extraído del Boletín número 11 de la Editorial Higea ( http://www.higea.org/ ) Año: octubre de 1996 .


