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La alegría de sentir

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La alegría de sentir
por José Manuel Casado

«¡No llores más!¡Cállate de una vez!¡Cómete el filete!¡Venga!», gritaba un padre enfurecido a un niño de 10 años que no le apetecía comer más filete que le había preparado su mamá. Se levantó su padre del sofá, se dirigió hacia él, le agarró y le dio varios tortazos. El niño, se fue llorando a su habitación y dentro de él quedó la sensación que expresar lo que sentía era malo pues no recibía externamente aprobación alguna.

Esta historia que os cuento es muy familiar para mi, pues yo fui el protagonista principal, el niño que no le apetecía comer más y sus padres no aceptaron esa decisión. Desde pequeñito he vivido en una familia manipuladora emocionalmente que me impedía ser yo mismo y expresar lo que sentía, ya que me hacían sentirme culpable. Con el paso del tiempo, voluntad, aprendizaje y mucha mucha paciencia, he conseguido superar en gran medida (todavía estoy en ello) esa barrera emocional que me impedía expresar mis sentimientos por temor al rechazo de los demás.

Esta vivencia que os cuento probablemente os sea familiar por haberla vivido de forma similar en vuestra vida. Nuestras experiencias y creencias arraigadas desde la niñez van moldeando nuestra forma de pensar, sentir y de actuar. Si desde pequeños no nos han dejado expresar libremente nuestros sentimientos pues hemos recibido a cambio desprecio, burlas, malentendidos, castigos, manipulaciones, abandonos de gente querida, entonces lo más probable es que después asociemos que expresar nuestros sentimientos significa sufrir dolor físico y emocional: miedo, abandono, rechazo, vulnerabilidad.

En nuestro vivir diario (trabajo, familia, ocio, conocidos, amigos, parejas) nos encontramos a menudo con personas que les cuesta expresar lo que sienten. Digamos que se ponen una coraza defensiva para evitar que los demás conozcan sus sentimientos reales. Está muy generalizado en la sociedad actual que expresar sentimientos es sinónimo de debilidad y que controlarlos, yo diría reprimirlos, es sinónimo de fortaleza y madurez. De ahí, que se tenga asociado, por ejemplo, que un hombre de verdad no llora.

La persona que ha sufrido abuso emocional y represión sentimental en su infancia se moverá a lo largo de su vida, salvo que salga de ese ciclo, buscando experiencias que le hagan reafirmar que es mejor no expresar sentimientos para no sufrir. Se relacionará con personas (amigos, parejas, conocidos) manipuladoras, egoístas emocionalmente, intolerantes ante su sentir, y así volverá a su pasado y encontrará confort ya que justifica ese dolor de antaño, se dice así misma: «Claro, es lo que me merezco, no debo expresar lo que siento porque voy a sufrir.» Sin embargo, ese confort temporal en realidad no le sirve pues vuelve a activar de nuevo el ciclo, y así una y otra vez. Este presunto confort es en realidad su perdición ya que le hace seguir sufriendo cada vez más pues no expresa sus sentimientos.

Cuando este tipo de personas se relacionan con otras que son capaces de expresan abierta y claramente lo que sienten a menudo reaccionan de dos formas. Sienten admiración por contemplar a alguien que es capaz de hacer lo que ellos temen pero desean hacer, y a veces huyen porque se sienten vulnerables ante la transparencia de esa persona. Esta reacción se denomina evitación.

Muchas veces las personas que temen sentir se enfrascan en numerosas actividades, digamos que son hiperactivas y así «no tienen tiempo de sentir» y de pensar en ello. Su vida es un huir de sí mismos, es una rigidez a sus sentimientos.

Si tú consideras que eres ese tipo de personas, te puedo decir, desde mi propia experiencia y la de otras muchas personas, que todavía tienes tiempo de reaccionar y superar ese ciclo. No es tarde si la dicha es buena, ¿verdad?

¿Qué se puede hacer? Lo primero de todo es reconocer este estado pues así se abre la puerta de la receptividad, comprensión, del mejoramiento y del aprendizaje. A lo mejor es necesario acudir a grupos de apoyo para superarlo. Lo importante aquí es el deseo de salir del ciclo con paciencia, poco a poco, pero con decisión.

Después es importante que la persona vaya aprendiendo a expresar lo que siente de menos a más. Puede empezar expresando sentimientos cotidianos, repetitivos y sencillos: dando los buenos días a un vecino; ir al servicio de un restaurante; pedir más pan al camarero; preguntar la hora a un desconocido; llamar a un amigo para desearle un buen día, etc.

Así, por ese sendero, poco a poco, la persona refuerza su autoestima y la idea de que expresar lo que siente es positivo porque sentir es ser uno mismo, es expresar su propia naturaleza, es ser valeroso y capaz.

Entonces, así, podrá llegar a la conclusión de que expresar lo que siente no significa ser vulnerable y débil, sino que es algo natural en un ser humano. Si estás triste, ¿por qué no vas a llorar? Si estás alegre, ¿por qué no a vas a sonreír? Si aprecias a alguien, ¿por qué no se lo demuestras? Si estás disgustado con alguien, ¿por qué no se lo puedes decir? Si amas a alguien, ¿por qué no la dices te amo?

Entenderá también que a veces cuando exprese sus sentimientos los demás tienen derecho a reaccionar ante eso de diferentes formas, algunas agradables y otras no. Y esa reacción de los demás ante su sentir no se lo tomará como algo personal y el temor al rechazo, al abandono, se irán desvaneciendo progresivamente.

Si en tu relación diaria con los demás te encuentras a personas que siguen en ese ciclo de no expresar lo que sienten, sé comprensivo con ellos, paciente, tolerante y dales ejemplo dejando fluir tu sentir aunque sea de forma sutil para que el otro poco a poco comprenda y abra su puerta al exterior de lo que siente.

Como dijo un poeta: "Los sentimientos son como las raíces de un árbol que le dan alimento, le sostienen y le hacen ser lo que es, un árbol."

Buenos sentimientos para tod@s, ¡qué tengáis un día maravilloso!

Fuente: Artículo del fundador y creador de red alternativa: José Manuel Casado escritor y asesor de la salud.